La economía en México, antes y después de Trump

Noticias 25 noviembre, 2016 Comentarios desactivados en La economía en México, antes y después de Trump
La economía en México, antes y después de Trump

La economía mexicana, antes y después de Donald Trump, pueden ser dos mundos muy distintos.

Antes de Trump caminaba a buen ritmo. La saludable expansión del sector servicios, impulsada por el consumo privado, más que compensaba el deterioro del sector industrial, cada vez más acosado de problemas. Lo que pueda suceder a partir de ahora puede ser otra historia.

En el tercer trimestre, y según los datos publicados ayer por el INEI, el PIB se expandió a una tasa anual de 2.0% sobre la serie original, sin ajustes por estacionalidad. El dato, sin ser espectacular, es decente, y corrobora la resistencia que ha mostrado la economía mexicana a un entorno global complicado. Tras expandirse 2.2% en 2014 y 2.5% en 2015, el PIB va camino de aumentar 2.1% en este 2016.

Te interesa: Hay una empresa mexicana interesada en vender material para el muro de Trump

Y a ese ritmo, más o menos, seguía creciendo antes de la elección de Trump, a ese 2.0% del tercer trimestre. El sector servicios es el que ha mantenido el pulso de la economía mexicana en los últimos tiempos: en el periodo de junio a septiembre aumentó 3.4%, y así encadenaba el séptimo trimestre consecutivo con tasas de crecimiento superiores a 3 por ciento. Todo se lo debemos a las familias mexicanas, que han seguido gastando a buen ritmo. Las condiciones eran bastante favorables para ellas: el empleo crece, lo que aumenta los ingresos de las familias; la inflación ha permanecido baja y estable, preservándose el poder adquisitivo de los salarios; los costos de los préstamos han continuado deprimidos gracias a las bajas tasas de interés, favoreciendo la expansión del crédito; y la entrada de remesas familiares, cuyo valor en pesos se ha magnificado por la depreciación de la divisa mexicana, ha sido abundante. Por tanto, el mexicano de a pie contaba con recursos para gastar y su consumo es lo que ha mantenido el dinamismo de la economía.

Distinto es el caso del sector industrial. El sector secundario, que en 2014 se expandía a un ritmo robusto de 2.7%, ha ido perdiendo lustre conforme pasa el tiempo y amenaza con entrar en recesión. De hecho, en el tercer trimestre registró una caída de 0.8% anual, algo que no sucedía desde el tercer trimestre de 2013. Lo preocupante es que su desgaste es generalizado y afecta a casi todos sus rubros: el de minería sigue sumido en una profunda recesión resultado del derrumbe del precio del crudo y el descenso de la plataforma petrolera; el de manufactura se sigue enfriando ante la pérdida de dinamismo de la actividad fabril en Estados Unidos por la fortaleza del dólar y la debilidad de la demanda global; y el de construcción ha detenido su recuperación ante la escasez de recursos públicos para realizar los planes de infraestructura, con recortes draconianos en comunicaciones y transportes.

De este modo, el rubro de minería se hundió en el tercer trimestre 8.2%, y ya acumula nueve trimestres consecutivos de caída en la actividad; el rubro de manufactura se desaceleró a 1.2% respecto a la tasa de 1.6% del segundo trimestre. Finalmente, el de construcción se estancó completamente en el tercer trimestre, con una tasa de 0.0% tras expandirse 3.1% en el segundo. Y el culpable es el componente de ingeniería civil: este componente se desplomó, ni más ni menos, 16.1% tras despeñarse 8.1% en el segundo ante la ausencia de obra pública, lo que contrarrestó el moderado incremento del componente de edificación (+2.4%).

Por último tenemos al sector primario, cuyo aumento fue de 5.3%, una mejora respecto a la tasa de 2.9% del trimestre previo.

Por consiguiente, el componente sobre el que se sostiene el crecimiento económico en México es el consumo privado, cuyo gasto está alentando la expansión del sector servicios, en tanto el sector industrial empieza peligrosamente a trastabillar. Lo malo es que la elección de Trump y su política de “America First” amenaza con derribar el pilar del consumo privado mexicano y terminar por aplastar al industrial. Y eso rompería con el crecimiento equilibrado, de algo más de 2.0%, que ha mantenido México durante los últimos años.

Antes de Trump, se esperaba que se preservara esta tendencia. En la encuesta de Banamex del 7 de noviembre, un día antes de la elección presidencial, el consenso de analistas privados estimaba una expansión de 2.3% para 2017. Banco de México, por su lado, había establecido un rango de entre 2.0 y 3.0%, el mismo fijado por la Secretaría de Hacienda y establecido en los Criterios Generales para el presupuesto de 2017. Pero el martes pasado, la encuesta de Banamex reveló fuertes revisiones a la baja: la nueva estimación fue de 1.8%, o medio punto porcentual menos que antes de Trump. Banxico, en su informe trimestral, también rebajó su rango en medio punto porcentual, a un nuevo estimado de entre 1.5 y 2.5%. Entre tanto, la subsecretaria de Hacienda y Crédito Público, Vanessa Rubio, en conferencia de prensa, se resistió a realizar revisiones al PIB para el año que viene hasta no conocer mejor las políticas de Trump, y mantuvo el estimado de entre 2.0 y 3.0 por ciento.

Ahora lee: ¿Qué sí y qué no puede hacer Trump como presidente?

Esas revisiones son, sin embargo, aún demasiado cautas, y el escenario para 2017 puede terminar siendo mucho peor. Todas las variables que han alentado al consumo privado se pueden ver afectadas negativamente con Trump: si cumple su promesa de revisar el Tratado de Libre Comercio (NAFTA en inglés), habrá despidos, sobre todo en el sector manufacturero, lo que afectará al empleo y a los ingresos familiares; la estabilidad de precios se puede quebrantar ante la rápida y sostenida depreciación del peso, lo que encarecerá los productos importados, más si México entra en una guerra comercial con Estados Unidos y se establecen aranceles; ante la caída del peso mexicano, Banxico se verá forzado a elevar las tasas de interés (como ya ha venido haciendo), lo que encarecerá y restringirá el crédito, hará aumentar la morosidad y el mexicano se verá motivado a ahorrar; finalmente, Trump promete bloquear la entrada de remesas familiares con el objeto de financiar un hipotético muro fronterizo, restando recursos para gastar a los mexicanos. Por tanto, el consumo, el bastión de crecimiento económico en México, ofrece varios flancos débiles ante las políticas que ha venido prometiendo Trump.

Por otro lado, el nuevo Presidente de Estados Unidos también puede apalear a los rubros del sector industrial. El manufacturero sería el más expuesto por la revisión del NAFTA. Pero también promete ir con todo a por el petróleo “shale” o de esquisto del subsuelo, desconociendo reglas medioambientales, lo que acercaría al país a la autosuficiencia energética y limitando la necesidad de importar crudo de México. Y si aquí el crecimiento económico pierde impulso y las metas fiscales se ven comprometidas, el gobierno tendrá que anunciar nuevos recortes de gasto, afectando a los programas de infraestructura y a la construcción.

Y todavía faltaría por ver qué tipo de políticas comerciales anuncia respecto al sector agropecuario. De modo que son muchos los riesgos que se ciernen sobre la actividad económica en México con la llegada de Trump. Varios de ellos se pueden materializar y algunos ya están sobre la mesa, como el alza de tasas de interés, el encarecimiento del crédito y su impacto negativo sobre el consumo y la inversión. Banxico advirtió que el nuevo pronóstico de PIB no incorpora completamente los riesgos de las posibles políticas de Trump. Así que no nos sorprendamos si el año que viene la economía mexicana se estanca o, directamente, se va a la recesión.

Comments are closed.